08
mar
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ELOGIO A LA LENTITUD

ELOGIO A LA LENTITUD
Competencias Lectoras, sujetas a la velocidad…

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“La lectura lenta ayuda al lector
a profundizar en un punto de vista”.
Owe Wikstrom.

Para el auténtico lector, la palabra se convierte en una estética de la existencia. La reunión de ellas en un texto nos dicta un estilo de vida y, enunciado tras enunciado, lentamente va formándonos la alegría constante de un mundo significativo.
El aprecio por la lectura, no su hábito promulgado, evita que la educación escolástica — esa que desvergonzadamente, sin razón de causa, se dicta desde la oficina del mandamás — vaya disecando las pasiones, castrando el espíritu y, al final de cuentas, termine sustituyendo la vida por la teoría o algo peor.
La incongruencia de esta visión lleva a extremos de humor involuntario: los autores de los cada vez más “nuevos enfoques” se rompen la cabeza intentando diseñar libros de texto (o sea instructivos escritos) para estudiantes “que no saben leer”. Y como no hallan la manera de que los que no saben leer lean instructivos para aprender a leer, inventan materiales de pre-alfabetización, que igual no funcionan y se sustituyen por materiales de pre-pre-alfabetización, que tampoco funcionan… etc., etc.
Lo mismo sucede con las Competencias Lectoras, sujetas ahora estúpidamente al “cronometraje” y a la “velocidad”. Lo que debería ser un elogio a la comprensión, a través de la lentitud, la pausa y la meditación, se ha convertido en ordenanza, registro, control y avergonzamiento (al exhibir un estilo lector, sujeto a su propia psicomotricidad).
La lectura de la existencia es una preocupación pagana que alivia nuestros instintos — con el crepúsculo, con la belleza del paisaje, con entronización de las aves en las nubes — y, fuera de todo cadalso, nos devuelve la sonrisa original.
La escolástica, con su figura de vuelo roto, nace del tedio agrio de los escritorios, explanadas en las que nunca se escribe y jamás se abre la aventura de ningún libro, por más imágenes y esculturillas de Quijotes que consuelen la frustración añeja de alguna pretensión.
Por eso la “escolástica”, en virtud de la auténtica pasión de la lectura, debe de reprobarse antes de que, con las actuales licencias de la Educación, termine sórdidamente reprobando la vida.

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