Archivo para 17/09/10

17
Sep
10

matar al periodista

MATAR AL PERIODISTA
Quienes garantizan el amanecer de la información,
pero no el de ellos mismos…

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Tenemos ya todo lo que necesitamos. Sólo
necesitamos que se nos enseñe lo que tenemos”.

Peter Kingsley.

Los periodistas de México, víctimas de un Estado fallido, pagan con sus vidas, las deudas y desavenencias que el gobierno tiene con el crimen organizado.
Luis Carlos Santiago Orozco, fotógrafo de El Diario de Juárez (de apenas 21 años), asesinado este 16 de septiembre, se suma a las estadísticas de los reporteros caídos en ejercicio de su profesión — 27, desde el 2000, sólo en esta entidad –, mientras tanto Carlos Manuel Sánchez (fotógrafo practicante del mismo diario), convalece gravemente herido en un hospital de Ciudad Juárez, Chihuahua.
La artera ejecución de Luis Carlos Santiago Orozco, acaecida en plena celebración del “Bicentenario”, a apenas 200 metros del diario donde presentaba sus labores, ofrece una visión clara — como lo habían mostrado hasta ahora sus imágenes — de la vulnerabilidad, acoso y censura en que se encuentra el actual ejercicio periodístico en el país.
Transformado en un envilecido y cruel Monstruo de mil cabezas, horror que desfigura cualquier confrontación — “unos contra otros”, como se quiere hacer “ver” –, México está perdiendo el ejercicio de la Opinión Pública, ahogando en lagunas de sangre, plomo y desgracia el desempeño de la Libertad de Expresión.
Con las corporaciones a cargo de combatir el crimen –infiltradas por las “bondades” del narcotráfico y no sólo por el “hartazgo” de la corrupción — incapaces ya de garantizar alguna ruta de salida de este atolladero “presidencial”, los periodistas se han convertido en una simple “pieza incómoda”, fácil de desarticular, al no poseer el blindaje ético de un Estado que no garantiza ni su propia sobrevivencia.
A estas alturas repugnantes que ofrece la sangre derramada del periodismo nacional, ¿por qué desoyen los altos mandos de gobierno la inutilidad de lo hoy parece tener matices de estar convirtiéndose en una “Guerra Civil”?
Las “Familias” involucradas, sabedoras del daño colateral que ocasionan — entre ellos la muerte muchísimos inocentes y de quienes hacen posible el amanecer de la información, pero no el de ellos mismos –, ¿no estarían dispuestas a negociar un paraíso existencial para sus hijos, sobrinos, padres, hermanos… saliendo y, a su vez, sacándonos a todos de este infierno sin futuro?
No sería nada nuevo para la historia de la beligerancia y sus grandes conquistas económicas, por no meterme con las espirituales… ¡Caray! Sólo se requiere de un poquito de disposición y conocimiento de causa (darse cuenta que en la estupidez del dolor estéril no hay frutos para construir nada, mucho menos la dignidad).
“Tenemos ya todo lo que necesitamos. Sólo necesitamos que se nos enseñe lo que tenemos”, nos dice la sabiduría de Peter Kingsley, como retratando a nuestro México. Imperios, como el de China, que no se podía conquistar o “colonizar”, pero con el cual sí se podía comercializar, llegó a acuerdos que le ofrecieron la prosperidad que actualmente goza y sirve de modelo.
Un “acuerdo” de estas características — con el consumidor más ávido de enervantes en el planeta, Estados Unidos — posee más signos de inteligencia y ética práctica que la simulación en la que se nos ahoga el presente.
Y, después de este dolido crimen — seguido de los muchos asesinatos que derramaron ya mi tinta –, que nadie ponga en riesgo inminente su vida por la necesidad de tener un empleo — el joven fotógrafo Luis Carlos Santiago Orozco apenas este lunes 20 firmaría su base con El Diario de Juárez –, trátese de un policía o un periodista… Ya no digo del funcionario público que, inconforme con su salario — medido con la “regla de oro” del consumo, que no es para nada el equiparable de lo justo y lo solidario –, se ve involucrado en actividades ilícitas con el mismo argumento de quienes sustentan las “leyes laborales” del crimen organizado.
No más muertes sin sentido. No ocupamos que maten más periodistas, creyendo que así acaban con el periodismo.
No quiero creer que este es mi país, México, el país de las desigualdades extremas, donde crecerán mis hijos junto a tus hijos, el lugar donde lo mismo se muere de hambre, de decencia, de un tiro en la cabeza o de obsceno hartazgo.

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