Archivo para 21/09/10

21
Sep
10

DR. PSICOMAGO

DR. PSICOMAGIA
El imperceptible avance de una curación

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“La guerra es la mejor escuela del cirujano”.
Hipócrates.

Se ha dicho, con la ordinario dosis de veneno competitivo, que Alejandro Jodoroswsky le quiere quitar la chamba a mi vecina Gaby Vargas, pero en realidad soy yo quien desea quedarse con los clientes y lectores de ambos.
Aplico la experiencia de mi consulta, la aderezo del legado “psicomágico”, fruto que muerde del árbol de las artes (lugar donde la creatividad firma su espiritualidad auténtica para no consolarse sólo poniendo su nombre en la puerta de los baños públicos), entonces le agrego cínicamente el celofán transparente de la escritura “light” y así les brindo 3 (tres) consejos que le ayudarán a recuperarse de la soledad, es decir del estrés que le está jodiendo con enfermedades cardiacas, digestivas, dermatológicas, etc.
1- Déjese de pendejadas, atiéndase el sentido del olfato con 2 limones amarillos y la pañoleta floreada de una novia reciente (no cuentan las azules claritas) y permita que el Sr. Calderón (Librería Ramírez) le recomiende un libro infantil — cómprelo y, sin dejarlo por ahí, léalo –, duerma una noche con él (con el libro) y otro noche no: Sienta la diferencia de que alguna vez tuvo padre o madre que se preocupó culturalmente por su conciencia. Si esto funciona, pase a la etapa Juvenil y luego con un ejemplar de un tal Gabriel García Márquez, y así hasta llegar a leer la realidad con los ojos abiertos.
2- Quédese mirando a los ojos de un cachorro, intentando encontrar el origen sentimental de los perros. Escupa su chicle o su cigarro o sus deseos de besar y pídale a una vecina si le puede hacer de cenar espárragos con mantequilla, condimentados con unas pizcas de sal vegetal (vaya a la “Milpa” e invierta en su salud, compre el frasquito ahí, ¡joder!).
3- Abrace la almohada, si la soledad que se quiere sanar es afectiva; empérnela entre sus muslos, si ésta urgencia es de origen sexual. Luego pegue con leche dulce la imagen de un ángel en su frente, siembre su reloj en una maceta y coloque tres rosas bajo su cama, entonces acuéstese desnudo y avance descalzo en el sueño hacia la Iglesia que a todos nos nace en la mente.
Si nada de esto funciona, visite a un psicólogo profesional. Y ya no lea mi Columna de los miércoles (las otras sí, en ellas hablo de cosas deliciosamente absurdas).

Anuncios