Archivo para 9/10/10

09
Oct
10

DAVID ALFARO SIQUEIROS

DAVID ALFARO SIQUEIROS
Coronelazo, tú fuiste un lodo alegre en los tobillos
de las indias tristes

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“La maldad no se elige: la llevamos dentro. Por eso
oponerse a ella constituye un refinado acto de libertad”.
Andrés Neuman.

Porque hay pinceles en la lumbre, los Sindicatos se nutren de miel. Más que eso: los machetes cavadores del cielo borran la amargura en un muro en blanco. El templo derritiéndose como un desnudo. Y en el negro panteón, el fascismo se ilumina en una oración de rombos criminales y la espesura de los tamarindos hace sonreír a los niños, mas no todo es taconeo y sones, aunque tu bondad sea infinita como un color flotando entre otros temblores. Trotsky te perdona.
Coronelazo, fuiste a la guerra para traerte una paz de olas de lava, donde el crepúsculo de la humanidad insistió en la inundación de las calles por el mismo cosmos. Inventaste más de un color en transparencia: el Angélica Arenal y el Blanca Luz Brum. Todo fue un pastizal de pinceladas, donde el volcán de la cabeza arribó en una llamarada de flores tercas o en un zopilote petrificado.
Nada vale decir ahora, en la boca del pincel bailan pulseras de coral y el incendio dobla el espinazo del diablo para que el naranja afile las pupilas en nuestro aburrimiento. Lengüetazos en las piedras de la memoria, movimiento de jugosas cáscaras y la falsa ceremonia de estar muerto en las rodillas del tiempo.
Coronelazo, los pobres sacan el pan del pantano y su baba es una bala que cae de la tormenta, y nadie quiere retomar el suspiro y dejar las ardientes uñas en la realidad del zarpazo. Nada sigue viviendo fuera de tus cuadros, las cadenas se lubrican con el flujo de la prostitución y los azotes sólo hablan de la calidad del asbesto en las costillas del trauma…
Coronelazo, tú fuiste un lodo alegre en los tobillos de las indias tristes, el biógrafo que dejó escurrir su sangre para que el cancionero de la verdad brindara más sombras que espinas en las espumas de cualquier rosa. Estoy parado frente a la pared y los fusiles murmuran acentos de asfixia a las espaldas de mi pueblo. Se despinta la mancha en la memoria y la mirada cuelga invisible como un Cristo mutilado. Soy tuyo, como un nombre propio en la edad de la materia.

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