Archivo para 26/10/10

26
Oct
10

LA INVASIÓN DE LA CONCIENCIA 1

LA INVASIÓN DE LA CONCIENCIA I
Por favor, no cierres los ojos…

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“El relámpago del nacimiento posee la extrañísima
propiedad de no extinguirse una vez que ha brillado”.
Peter Sloterdijk.

No quiero matarte, abre los ojos: ¡Despierta! Salta de la cama y encamínate a un lugar seguro; no busques nada, sólo escúchame: primero abre la puerta, con cuidado, luego ve a la cocina. Ahí prepárate un café, cargado, negro, hipnótico… Y no vuelvas a dormirte; por hoy no vuelvas a dormirte: en el sueño te estaré esperando, y eso no es bueno.
No tiembles. Permite, sorbo a sorbo, que el tiempo realice su delicada función de anestesista, que discurra su aguja como una serpiente de suero invisible en la principal vena de la realidad… ¡No cierres los ojos, no! En esa oscuridad roja podría aparecer y…
–¿Qué quieres de mí?
Estando despierta no corres ningún peligro. De momento sólo podrás oír mi voz. Y ten muy presente lo siguiente: no debería estarte ayudando. No lo mereces. Más adelante te quedará claro por qué.
–¿Quién eres?
Eso no tiene importancia. Lo que debes hacer es no dejarte vencer por el sueño. Si te distraes y logro penetrar de nuevo a la perversa bruma onírica, te aseguro que todo acabará mal, como en otras épocas… La última vez fue un desagradable y libidinoso baño de sangre. ¿No lo recuerdas? Deberías de ver el escalofrío que te baila como una daga en la retina. ¿Quieres tú que esto suceda de nuevo?
–¿No sé de qué me hablas?
Sí, te creo, no te alarmes. Sé que una vez más el nacimiento te afectó la memoria espiritual. A la mayoría de personas como tú les sucede: renacer les genera amnesia y se olvidan del lugar de donde vienen y de lo que hicieron en su oportunidad de vida pasada. Escucha: el hecho de que no lo recuerdes no significa que eso no sucedió.
–¡Cállate, me estás volviendo loca!
Siempre fuiste una persona débil, creyendo ser la mujer ideal: maniaca, fría, predadora, loca. La de los psicodramas seductores, experta en problemas ajenos, la vieja damisela que se colgó la envenenada flor de los celos como un arma ante la inseguridad del amor que no daba ni recibía. Ambiciosa y sin compasión, atormentada siempre de ansias violentas… De pulsaciones y deseos subconscientes de morir estrangulada y maldiciendo…
–¿Por qué me dices todo eso? (Continuará).

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