29
Oct
10

CÁRCEL DE LIBERTAD
De las responsabilidades ordinarias y cotidianas

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“El Maestro es la campana, el discípulo su eco”.
Proverbio Zen.

En la extensa cárcel de Siberia, recordándole a su especie el viejo Dostoiewski solía mascullar: “El hombre que no se inclina ante nada, no podrá nunca soportar la carga de sí mismo”.
¿Libre de qué?
¿Libre de las responsabilidades ordinarias y cotidianas?
¿Libre de la dependencia de la pareja?
¿Libre de la ansiedad al dinero? Al que nunca se vio como un intermediario sino como un fin.
¿Libre de los hijos y sus crecientes demandas materiales e existenciales? A los que se les instruye para que sufran las mismas ansiedades, engaños y frustraciones que desbarrancaron nuestros propósitos en esta vida…
Estar libre de todo esto basta con ser irresponsable, con no dar respuesta, ni siquiera compasiva ni justificante.
Pobreza de libertad, pues arrastramos aun el infame cadalso de nuestras emociones amaestradas, el eco venenoso inoculado en nuestros sentidos por la rancia y limitada tradición escolástica y social…
Pobreza de libertad, ya que la renuncia sólo ha sido exterior. Sonámbulos exaltados por las pobres religiones, así como las ineficientes políticas de Estado, vociferamos esclavitud hacia los otros, llevándolos a nuestra cárcel invisible, a nuestra prisión metafísica.
Libertad de…
Libertad para…
¿Libre de exigencias? ¿Libres para hacer lo que se quiera?
Estupideces al “hermano sol”, o a la “hermana luna”, pero tan sólo estupideces…
La vida es un infierno de salvadores: Tienes que votar por los negros a favor de los blancos para que los amarillos no le ganen a los rojos… Sino cómo justificar las jugosas partidas económicas en contra del Terrorismo y a favor de revivir el Narco, en estas condiciones de país, luchando contra él.
Engaños astutos, pasión enferma, asexual, sangrienta.
La pasión original debe transformarse en compasión (un asunto de dos o más), en una pasión compartida, útil, poética — si no es así, para qué el misterio de la flor y la oxigenada filosofía de los astros –, pacífica, oceánica, integrante en la bondad y con palpables resultados de paz (no simulados ni inducidos por químicas externas, promocionadas principalmente por el Estado para la inhalación e imbecilidad pública).

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