27
Dic
10

LA MAESTRA

LA MAESTRA
No puedo salvarte la vida, pero puedo ayudarte a vivir

Rael Salvador
raelart@hotmail.com
“Sumado o dividido, siempre me multiplico”.
Lédo Ivo.

Prefería la naturaleza, ver las estrellas desde la hierba fresca de la noche y sentir, como una muchacha de provincia, cómo los libros guardan la sabiduría que trasciende el misterio de todas las soledades.
Y me decía: “Esta es tu mano y es bella. Es perfecta a su manera, así como un árbol, una hoja o un copo de nieve o un gatito son perfectos si se les considera por lo que son”.
Sí, se necesita una actitud de amor y de servicio, deseo de dar a otra persona una experiencia, así sea un pedacito de vida palpitante, como el colibrí del brillo en una mirada o el roce de una emoción cargada de chispas multicolores.
Sobre todo, porque el oro de la energía de dar y recibir es circular, es decir: ¡solar!
Y yo sonreía y dejaba caer la cabeza, como Alejandro Magno, sobro mi hombro izquierdo…
Y ella me imitaba, sonriente y graciosa, y así, inclinados de mirar — dos bobos bajo la lluvia en medio del salón de clases–, convertíamos nuestras vidas en arte, en bailes y canciones, en poemas, y esto era la Educación, la curación…
Mi maestra era una mujer sabia porque así lo había decidido. A veces me confundía con Mozart y me pedía que le silbara en su cabellera la Sinfonía No. 40 (en su primer movimiento).
Y yo silbaba…
— ¿En verdad deseas saber cosas sobre la vida y sobre la muerte? — me interrogaba.
— Sí, maestra.
— No me digas así. ¡Soy tu amor!
Entonces volvía a silbar y ahora volaban mariposas desde su pensamiento como en una meditación de pétalos de nieve… que caían distraídos sobre su escritorio y recogía yo para observarlos derretirse y así entender lo maravillosamente efímero de toda la existencia.
— Pero si queremos despertar de la muerte en vida de una existencia apagada, hemos de sobreponernos al miedo — agregó, acariciándome la mejilla con su mano tersa.
Y en la transmisión carnal de nuestro último abrazo, oteaba yo como bestezuela en el perfume de su cuello y entendía aquello que enriquece al hombre de ilusiones: ¡No puede salvarme la vida muerte, pero puede ayudarme a vivir!

Anuncios

0 Responses to “LA MAESTRA”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: