Archivo para 14/03/11

14
Mar
11

TENGO UN ESTUCHE

TENGO UN ESTUCHE
Ahí guardo los misterios que el imán del tiempo arrumba

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño
les parece a los que no saben volar”.
Friedrich Nietzsche.

Tengo un estuche, café, no más amplio que una carta vieja. Su color es igual a los ojos sinceros de un zorro caminando por el verano de una pradera verde.
En él, recipiente del alma, arroyo y devenir, guardo muchísimas cosas, como si tuviera la capacidad del corazón.
Ahí, cada vez que lo abro — jalando el cierre, donde cuelga la minúscula grandeza de una torre Eiffel de cobre –, encuentro lo que necesito, lo que requiere mi vida para no escapar de los misterios del tiempo.
Está el peón de ajedrez, con su base de terciopelo rojo y su oxidado cúpula — como si su piel dorada se encontrase sumergida en la niebla de la renuncia –, testigo orgulloso de la partida última, cuando juré que si triunfaba ante el campeón no volvería a jugar jamás.
Se encuentra el caracol, láctea espiral de sueños marinos, que recogí un amanecer en la playa del silencio, para eternamente escuchar el canto seductor de la sirena perdida en mi último naufragio.
Hay un collar, de cuentas tristes y negras, seguido de un diamante tejido en algodón, que jamás volveré a usar, pues guarda en su elegancia campestre, la imagen de una alegría muerta (perteneció al mulato que me enseñó a leer los diferentes cielos y, en la felicidad de la hoguera, a encontrar el ebrio y extraño arco iris de la cerveza).
Hay el lápiz de madera, suave punta de seda oscura, con el cual escribí por vez primera el nombre recién nacido de una de mis hijas.
Están también cinco imágenes en sepia, del tamaño de un timbre postal (pegadas a la funda), de las fotografías que en su último viaje a la India y África obtuvo el poeta Colbert. Las acompaño con una solitaria hoja de eucalipto, cuyo aroma mentolado se mezcla con las bayas y la raíces de otras plantas que se encuentran reunidas en ahí, en mi estuche.
Estuche éste que se imantó de todo los misterio, desde que deposité cuidadosamente en su interior, junto a mi pedrería terrestre, un fragmento de luna.

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