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mar
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EL CAMINANTE

EL CAMINANTE
Facundo Cabral y los papeles de la casa de ayer

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“¿Qué es la fuerza sin una doble porción de sabiduría?”.
John Milton.

En 1992 había ganado un premio importante. Los poemas los traía siempre conmigo, a mi lado. Me ofrecían fuerza, como amuletos estelares. Uno noche de Concierto, junto con las Cartas de Henry Miller a Anis Nin, se los cambié a Facundo Cabral por este texto: «Y el Señor, dijo a Abraham: “Abandona tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te indicaré; haré de ti una gran Nación… Te bendeciré, y contigo se bendecirán todos los pueblos de la tierra…” El Señor, dijo a Abraham.
Esa bella y sabia orden fue la convenció a mi corazón a decidir que el mundo fuera mi casa. El mismo mundo que puso al alcance de mi espíritu la palabra, que me refleja como ningún otro espejo. Soy un caminante de sales, libros y maderas, enamorado del polvo de los caminos. Construyo mi casa, día a día, y vuelvo a destruirla cuando el sol me propone otros desvelos.
Solo y sin querer ser nadie, amparado y crecido por mi mente, en busca de las luces misteriosas, donde los pasos son lentos y eternos… Y alguien sabe todo para decidirlo todo. Atravieso la nieve, la lluvia y los mares, y conozco el delirio de las plantas, de donde aprendo los cantos que canto para ti… al detenerme nada más lo que duren esos versos y la hoguera que el amor provoque.
Soy un caminante, una espiga más, un fruto en movimiento. Inquieto paisaje que vino a derrumbar los muros que por temor levantó el cobarde… Peregrino que predica lo mejor del Señor, es decir: Todo.
La luz me muestra de espíritu entero. Y el árbol y las aves me repiten. Caminó los desiertos mi esperanza y mi piel es el código del tiempo, la poesía es mi álgebra y mi cábala, como le sucede a las estrellas, porque yo también soy un astro, y lo sabe el que me ve desde muy afuera y desde muy adentro. La muerte me acompaña, paso a paso, para tomarme al fin y recrear la vida. Entonces, camino hacia la nada. Soy un caminante que, por irse siempre, siempre regresa, porque todo es circular y eso el sol lo sabe como nadie.
El cielo y las serpientes son mi conciencia, que son un sueño que en la vigilia liberan mis versos. Aquí he llegado a esperar a que estallen las flores y los peces, a lado tuyo, mujer que me esperabas… sin que tú y yo lo supiéramos».

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