Archivo para 24 marzo 2011



24
Mar
11

MARTIN AMIS

MARTIN AMIS
Y su lectura “Imprescindible”

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Todo lo que uno ha olvidado
pide ayuda en sueños”.
Elias Canetti.

«Soy poli. Tal vez suene a una declaración no muy frecuente, o a una manera poco usual de expresarlo. Pero es una manera de decirlo. Entre nosotros nunca nos diríamos “soy policía” — hombre o mujer — o “soy investigador” o “detective de la policía”.
Bueno, así que soy poli y mi nombre es Mike Hoolinhan, detective Mike Hoolinhan.
Y además soy mujer.
Lo que me dispongo a ofrecer aquí es el relato del peor caso que me ha tocado resolver en toda mi carrera. El peor para mí, se entiende. Cuando eres poli, “peor” es un termino muy elástico. No se puede fijar muy bien cuál es su alcance. Sus fronteras se ensanchan un día y otro también. “¿Peor?”, diríamos enseguida. “No existe tal cosa, no existe peor”. Pero para la detective Mike Hoolinhan éste fue el peor caso.
En el CID (Criminal Investigation Departament, por su siglas en inglés), situado en el centro de la ciudad, con sus mil funcionarios, hay muchos departamentos y subdepartamentos, secciones y unidades cuyos nombres están siempre cambiando…
Hay quien dice que nada se puede comparar a la adrenalina (y el dinero) de Narcóticos, y todos están de acuerdo en que Secuestros es una gran broma (si el homicidio en Norteamérica es en gran medida cosa de negros, el secuestro es en gran medida cosa de bandas), y Delitos Sexuales tiene sus seguidores, Antivicio sus devotos, e Inteligencia significa exactamente eso… Homicidios es el Departamento rey. Homicidios es el que se lleva todos los aplausos.
En mi época, llegué a presenciar las secuelas de unas mil muertes sospechosas, la mayoría de las cuales resultaron ser suicidios o accidentes, o simplemente, gente abandonada. Así que he visto todas las clases: saltarines, mutilados, sumergidos con un peso, zambullidos, desangrados, flotadores, baleados, reventados…» (fragmentos de “Tren Nocturno”, de Martin Amis, de cual discursaré esta tarde, a las 19:30 hrs., en la Galería de la Ciudad, en el ciclo literario “Imprescindibles”, autores de Novela Negra).

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23
Mar
11

¡SOMOS AIRE!

¡SOMOS AIRE!
La Danza, un suspiro del ojo

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Ante una imagen no hay que abrir
la boca, hay que abrir los ojos”.
J. M. Villarreal.

El artista Enrique Botello Abarca inició su labor en el mundo de la fotografía profesional hace más de 20 años, en una época de sorpresa y fascinación, como de apoyo cultural, con las posibilidades del medio para realizar fotografía escénica. Así inauguró en la década de los 90’s sus primeras exposiciones de Danza con gran éxito.
En el reciente portafolio de fotografía, ¡SOMOS AIRE!, que se presentará este jueves 24 de marzo, a las 18:30 horas, en el Lobby del Teatro de la Ciudad, en el marco del Festival Danza para Todos, expande su experimentada modalidad dancística, tomando como partida la elevación de una poética del fragmento.
La psicología musical del aire, elemento de la llama y la danza, prende la espiritualidad en un cortejo, hace del fuego una ceremonia y todo a su alrededor renace de manera fresca, ondulante y armoniosa.
La fotografía se vuelve espejo del sentido estético.
De esta forma, por demás elegante, Enrique Botello nos obsequia imágenes que captan y documentan el escenario principal de la coreografía: las emociones humanas, que aunadas a una serie de claves específicas — como lo es el despliegue espectacular del vestuario o la gracia latente de misterio –, nos acercan a la complicidad de la imagen con la manifiesta levedad horizontal o vertical del aire.
Las Fotografías representan los diferentes coloridos y temas que se pueden tocar dentro del proceso creativo de la Danza, así como de la reacción y su detalle, y se fortalecen revalorando el sentido de lo estético y lo fragmentario, para que el espectador aprecie un renovado mosaico de expresión personal y de investigación sobre nuestra forma de aparecer en el mundo, además de ser un apasionante viaje en el gravitar de la historia dancística de Ensenada.

23
Mar
11

ENTENDER LA GUERRA

ENTENDER LA GUERRA

Cuando se desea pan, no se reciben piedras

Rael Salvador

raelart@hotmail.com

“El hombre ha de fijar un final para la guerra.

Si no, la guerra fijará un final para el hombre”.

John F. Kennedy.

Entender la Guerra.

Comprender por qué hay armas en las manos y deseos de poder en las mentes de los hombres.

Llegar a la verdad, renunciando a la comodidad del discurso, a la mentira encubierta.

Lo decía Simone Weil: la verdad no está sólo reservada a los grandes talentos, porque no es fruto de un esfuerzo inteligente, sino que es el efecto del deseo.

Cuando se desea pan, no se reciben piedras.

Entender la Guerra, sino la padecerás.

La padecerán tus hijos, tus padres, tus abuelos, todos tus seres queridos… Y, en el anonimato, ¿los no queridos? Los desconocidos, también.

Con la distancia la Guerra no se hace pequeña (sería como no entender el tamaño del sol).

La lejanía no anula, como se quiere hacer creer, la realidad.

Donde quiera que se presente, como un negro musgo de fuego, la Guerra provocará la desgracia y la mutilación, el dolor y la locura.

La invasiones a Irak, Afganistán, Libia, transformadas en Guerras, se encuentras documentada en imágenes, videos y textos demenciales, colección revelada que abre una puerta más al infierno de la humanidad.

Los intereses de las naciones, con la beligerancia inducida — disfrazada de revuelta (Túnez, Egipto…), con la sangre de civiles engañados por la bandera de la Libertad –, se apropian de lo que no pueden producir, de lo que carecen, de lo que necesitan sus económica depredadoras.

No hay razón válida — alterada, sí — para que esto suceda.

Un síntoma de debilidad en el hombre es la Guerra.

La moderación, aplicada en el ineficiente modelo de la Democracia Occidental, no funciona, precisamente porque hemos perdido el ejemplo de la Grecia clásica: el Voto activo por la sabiduría, la belleza y la verdad.

21
Mar
11

EL MAGO MAESTRO

EL MAGO MAESTRO
El descubrimiento del cielo

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Lo que ocurre realmente es trivial al
lado de lo que pudiera ocurrir”.
Roberto Musil.

Sí, se trata de la extraordinaria novela de Harry Mulisch, “El descubrimiento del cielo” (Tusquets Editores, en su Colección Andanzas, 827 páginas, 1997), de la cual vuelvo a tener noticias esta fría mañana de librería, a unas horas de celebrar — con hielo y nieve — el arribo de la primavera en Ensenada.
Y vuelve a mi memoria, como fuente tibia que surte pensamientos agradables, este sabio fragmento que nunca ha dejado de parecerme sensacional:
“Ya sabe usted que la doble espiral enrollada de ADN — narra el sirviente divino a una especie de Omnipresencia no menos divina –, que contiene toda la información acerca de una persona, se encuentra en el núcleo de cada una de sus cien mil millones de células. Aunque no pesa más de una cienmilésima parte de gramo, ese hermético caduceo, extendido, es aproximadamente tan largo como el propio individuo, de modo que las disposiciones moleculares en potencia alcanzan una cifra descomunal. El ser humano está determinado por una historia genética, escrita en palabras de tres letras de un alfabeto de cuatro letras, de un volumen equivalente a de quinientas Biblias. Entretanto la humanidad ya lo ha descubierto por su cuenta”.
Esta voluminosa novela fue originalmente publicada en 1992 y es un pormenorizado repaso a la Condición Humana realizado por su autor (quien guarda una relación intelectual cercana con Roberto Musil, quien escribiera “El hombre sin atributos”, otra gran novela, en profundidad y extensión, que repasa las idioteces del siglo XX). Mulisch (traducido en decenas de idiomas) es considerado uno de los escritores europeos más importantes y uno de los más leídos.
Harry Mulisch, el “Mago Maestro” — como suele llamarlo D. de Vries — nació en Haarlem (Holanda) en 1927, posee una serie de galardones avalados justamente por su público y la crítica.
Ustedes deberían tener noticias de él, gracias a “Sigfrido, un idilio negro” (2003), novela donde aborda el mal absoluto en la figura de Hitler, que tuvo la fortuna de la buena prensa en México.

20
Mar
11

CULTURA TIBETANA

CULTURA TIBETANA
¡Esfuérzate por ser de feliz!

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”.
Sigmund Freud.

Llego con mi mujer y, mirándole fijamente a los ojos, le digo que le voy a contar un buen chiste:
— Hoy he logrado el termino medio, amor.
Y, buscando una de las muchas ranuras de entre las hojas de la enramada, nuestro cuarto de lavar, mantengo la mirada hacia allá y digo:
— Sí, inminente señal de que los astros se alinean a mi favor.
–Venga, pues.
–Dime…, querida… ¿Cuáles son los huevos más deliciosos?
–Me estás “cabuleando”, ¿no?
–Nop.
–¿Los estrellados?
–Nop.
–¿Los de avestruz?
–Nop.
–¿Los de codorniz?
–Nop.
— Aah, ya sé: ¡Los de tortuga!
–Nop.
–¿Los de toro?
–Nooop.
–Me doy.
–¿Te das?
–Sí, me doy…
— Los huevos más deliciosos son… ¡Los Tibetanos, mi amor!
–Mm. ¿Por qué?
–Pues según los Lamas…
–Mmm…
–¡Según los Lamas! Ja-ja-ja-ja-jaaaaaa… Guar-guar-guar (las risas no son grabadas).
–Que chistosito me saliste.
–¿No te gustó el chiste? Ve el equilibrio, su tesitura intelectual, su incluyente religiosidad… Anda, relájate, déjate ir… Así como el sutil latido maternal de nuestra vieja lavadora: Cha-cha-chá… Cha-cha-chá. Excítate con su doble sentido Jung-freudiano y sonríe… ¡Esfuérzate por ser feliz!

19
Mar
11

LEER LA VIDA, FELIZ

LEER LA VIDA, FELIZ
¡Nada es tan bello como lo que no sirve!

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Todo lo que no es desgarrador es
superfluo -en música por lo menos”.
E. M. Cioran.

Amé a Miller, sobre todo el Miller de El Coloso de Marussi (ahí inicié mis amoríos con Grecia y mi amistad eterna con Sócrates y Nikos Kazantzakis). Hoy veo en José Saramago lo que un día vi en Henry Miller: la auténtica vocación del hombre sobre la tierra; eso sí, dejando de lado las descripciones ginecológicas, excluyendo aquella de la mesa, en el Manual de pintura y caligrafía, que retoma Murakami de manera precisa en su novela Kafka en la orilla.
Leer, flotar en una transparencia mística y erótica, como si en ese momento de la lectura se viviera dentro de una pecera de neón rosa… Me hace feliz ver la felicidad de la gente que lee: ¡Me admiro, como Henry Miller, en la oscuridad del cine, al ver en la pantalla que los protagonistas se besan y al fondo luce la maravilla de un librero, o si en la penumbra del intermedio alguien amplía su aura en la lectura!
Lobo Antunes, Eduardo Galeano y Alberto Manguel, Saramago y Manuel Vicent, por cuestiones de estilo. Ahora leo el diario de Salvador Pániker: Variaciones 95 (como a Cioran, me encantan los diarios: ahí descubro, más que en otro género, la anulación del espacio y del tiempo de la que hablé en otra entrega).
Así estoy entre lecturas del ameno y radical Fernando Savater (la Autobiografía, donde pensé encontrar datos tiernos sobre Cioran y en ese renglón no me ha decepcionado), pasando por El Che Guevara y Paulo Freire, en La Pedagogía de la Revolución, de Peter McLaren, El Beso de Judas, fotografía y verdad, de Joan Fontcuberta, Los Sonámbulos de Arthur Kloester, la maravilla del Espejo de las Ideas, de Michel Tourniet, un libro de reciente adquisición: Las voces de Marrakech, de Elías Canetti; John Berger y su excelente La forma de un bolsillo, y mis eternos regresos a George Steiner, sobre todo Lenguaje y silencio, los diarios de Saramago y Kaddich por el hijo no nacido, de Imra Kertész (no tan bueno), vuelvo a los Detectives salvajes de Roberto Bolaño a cada instante, al descubrimiento de Aquí no hay poesía, de Jaime Bayly (mucho muy bueno, esa sí es poesía), mi Ébano, del maestro Kapuscinsky (toda su obra), la biografía de Salinger, etc., etc.
También, Philip K. Dick, al que Ursula Le Guin, le negó sus encantos, sumergiéndole la conciencia en unas fabulosas noches de intrigas psicodélicas en Canadá. Agradezco a Dios no ser artista, principalmente porque me disgustan los subgéneros… Louis-Ferdinad Celíne agregaría: “Toda virtud tiene su literatura inmunda”. Yo, humildemente, sólo digo: ¡Nada es tan bello como lo que no sirve!

18
Mar
11

CULTURA 1

CULTURA I
El pesimismo más negro y el optimismo más luminoso

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Para ser genio hay que creérselo, pero
además, y sobre todo, hay que acertar”.
Héctor Abad Faciolince.

Las cosas funcionan así: entre el ninguneo y la falacia, si salto las “buenas intenciones”, no muy escasas.
Y si las cosas funcionan de esta manera, he de agradecer ampliamente lo poco o lo mucho que llega, en términos de colaboración, a la redacción de PALABRA (palabra@elvigía.net), el recuperado suplemento cultural de El Vigía, que en su prueba circulante del pasado domingo marca ya su nueva época.
Como toda empresa que inicia, la recompostura y el asentamiento son términos subrayados en la agenda.
Tiempo y experiencia, apoyo y compromiso, serán fundamentales en su crecimiento.
El asunto de la Cultura — la promoción y el dominio de su despliegue artístico –, lo sabemos, no es una prioridad en nuestro país (lo observamos reflejado en sus actores, desconstructores y detractores).
Aunque, de manera oficial, lo veamos siempre traducido en el optimismo más luminoso y el pesimismo más negro; es decir, la saturación, repujada en sobreabundancia, y, por otro lado, la ineficiencia administrativa, conocida en el medio como la oferta negada o menguada (y, por si lo anterior no fuera suficiente, privilegiada en el nepotismo cultural).
Sí, de inanición puede morir el espíritu, auque no sólo de pan se diga que vivan los mexicanos.
Nos interesa sobrevivir, claro está, pero también hacer que sobreviva el espíritu artístico.
Renunciando a la empresa, ni lo uno ni lo otro.
Y, más allá del bien y del mal — me refiero al carácter oficialista, insuflado en los claroscuros de las moralinas políticas que ya mencioné –, que la consecuencia de éste — la esencia artística (o como quiera que le llamen) — encuentre su cuerpo en la materialización creativa, que se traduce en la obra de teatro, en el libro publicado, en la orquesta armada, en el taller a cuestas, etc., y, a la vez, que nosotros demos cuenta de ello, por humilde, ineficaz, sobreintelectual o grandioso que sean los alcances del equipo de colaboradores.