04
May
11

LA LEY DEL ESCRITOR

LA LEY DEL ESCRITOR
La ironía en Jorge Ibargüengoitia

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Quien creyó que todo lo que dije fue en serio, es un
cándido y quien creyó que todo fue broma, es un imbécil”.
Jorge Ibargüengoitia.

Para gustar de Jorge Ibargüengoitia, lo primero que hay que poseer, incluso antes que saber leer o pretender dirimir, es el agudo, preciso y precioso, y en ocasiones precario, sentido de la ironía, entendido éste como burla fina y disimulada y, claro está, como figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice. Esa ley que trastoca el lenguaje para ofrecerle una exageración sabia y perspicaz a la realidad solemne que se narra o se intenta ridiculizar.
El humor voluntario de Ibargüengoitia — su sarcasmo o el sentido de la parodia — se encuentra fincado en los vastos despliegues de la experiencia humana, regalándole al absurdo existencial la calidez y la lucidez para manifestarse con honrada gloria en las páginas de Oro del cada vez más extendido y olvidado Universo de las Letras.
Jorge Ibargüengoitia nació en la ciudad de Guanajuato en el año de 1928 y falleció, en una desafortunada jugarreta, una ironía del jodido destino, el día 27 de noviembre de 1983 en un trágico accidente aéreo, siendo considerado en esos momentos como uno de los mejores novelistas hispanoamericanos de las últimas décadas y quizá el único escritor verdaderamente humorista de la literatura mexicana.
Es de lamentar que la brevedad de vida no le haya dado la posibilidad de culminar la tarea reflexiva sobre la existencia humana, sobre sus desvaríos risibles que hacen de la tragedia algo medianamente digerible, por lo menos en la escritura…
Así el maestro Trejo Fuentes comentó sobre su trabajo: “Algo que no debe soslayarse al leerlo es su sentido de la lealtad, de la fidelidad; a lo largo de su obra se da un alegato en torno a ese asunto: cuestiona, una y otra vez, la fidelidad amorosa, fraternal, patriótica, y encuentra que cuando aquella se transgrede ocurre uno de los desajustes más severos. Por eso, si sus personajes (los revolucionarios, los conspiradores, los asesinos) incurren una y otra vez en la traición y en los golpes bajos, debe hacerse una lectura en sentido inverso; no se trata de una apología, sino de un rotundo portazo en las narices a aquellas franquezas deletéreas”.
No podría ser de otro modo, la Ley de un escritor como Jorge Ibargüengoitia es una premisa de “Heródes” en el ambiente nacional y, como a la letra dice: “O te chingas, o te jodes”.

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