02
Oct
11

EL ASESINATO DE UN POETA

EL ASESINATO DE UN POETA
A la memoria de Salvador Iborra
Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Pero eran cuatro puñales/ y tuvo que sucumbir/ Cuando las estrellas clavan/ rejones al agua gris”.
Federico García Lorca.

Sé que el asesinato de un poeta no vale la admiración de los idiotas, ocupados como están: cometiéndolos o permitiendo que sucedan…
El poeta Salvador Iborra Mallol, de apenas 33 años, conocido por sus amigos como Salva, ha sido asesinado brutalmente a navajazos en el barrio Gótico de Barcelona.
El móvil: el robo.
Pasada la una, abandonaron la barra y se encaminaron, bicicleta al lado, rumbo al apartamento de Salva (a 60 metros del bar) ya que “le quería dar un libro a su amigo. La bicicleta la dejaron en la puerta. Pero al salir, ya no estaba. Los dos amigos recorrieron el vecindario para encontrarla. Pero no hubo forma, y cada uno puso rumbo a su casa. Eran ya más de las seis de la mañana cuando el poeta, que llegaba a su piso, dio con la bicicleta y sus ladrones. Las investigaciones apuntan a que Iborra se enzarzó en una pelea con ellos que acabó con su vida”.
El asesinato de un poeta y todo por el robo de una maldita bicicleta.
Licenciado en Filologia Catalana en la Universidad de Valencia y profesor interino, Iborra actualmente estudiaba su maestría en la UPF (Universitat Pompeu Fabra); tras su desafortunado destino, el legado de su epitafio se traduce en tres poemarios publicados: Un llençol per embrutar, Les entranyes del foc y Els cossos oblidats.
Aquí una breve muestra de su exquisita pluma:“Las azañagas del lenguaje ni resuelven ni engañan. Triquiñuelas venenosas atrapadas en el papel, que todos los textos fallan, nos dijeron los que dijeron lo que tenían que decir desde la parte sucia. Tu boca sabe a adrenalina, sudor y circunstancia. Muerde, zorra, hasta que hagas sangrar y luego vete. Aquí no hallarás más literatura que la desprecias. No hay sitio para nadie, a pesar de que te pareces a quien te pareces y por eso te pudiste acercar tanto sin que te matara. Carga de caballería, peste, muerte y el cine de Bergman, de aquí no se sale virgen, niña, estás demasiado cerca de todos lugares lejanos. Hunde los restos en en las aguas negras mientras llueve, aquí no se nace y no estás a salvo. Lo desconocido es el pasado, más que el presente, eterno retorno a la nada. No hallarás la salida. Pero hay algo dulce en todo esto, algo dulce, yo estuve en todos los lugares, yo soy lo otro de ti, lo que no eres, tú otro-mismo en tensión, tú heterogéneo, tu disperso, y en mi te reconoces y te desdibujas. Donde ya no se puede pensar nada hay quien puede sentir y llora. Llora, pues, aquí está permitido. Te dejo que lo hagas. Lo sabes bien, a veces no todas la lágrimas son malas”.
Descanse en paz… Salvador Iborra Mallol, poeta.

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