17
Nov
11

APOLOGÍA DEL LÁPIZ

APOLOGÍA DEL LÁPIZ
Nada queda afuera, nada está de más, nada sobra

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“No puedo olvidar en la alegría a
quien forma parte de la alegría”.
Marcel Conche.

Por la punta del lápiz, donde comienza todo…
Así lo rememora la amable escritura de Arnoldo Kraus y lo refrendan los atinados gráficos de Vicente Rojo.
“Apología del lápiz” (CONACULTA, 2011) es un inconmensurable ejemplo de edición, joya que concentra, a través de la concordancia de fondo y forma, la mesura, el estilo y la brillantez; navegamos en la felicidad nostálgica del sonido de los colores a la tersura y peso lácteo de hojas contenidas en homenaje.
Nada queda afuera, nada está de más, nada sobra.
Diría Álvaro Enrigue: “Arnoldo Kraus y Vicente Rojo. Vicente Rojo y Arnoldo Kraus. Dos autores, dos ensayos, dos campos de experimentación estética que, al sumarse, multiplican sus posibilidades expresivas, pero sobre todo, el placer del visitante”.
Y así es: pocas veces la literatura y la plástica son uno en un abrazo afortunado.
Escritura seguida de imágenes, imágenes continuadas por el trazo de las significaciones vitales de la existencia.
“Apología del lápiz” es un libro de escasas 50 páginas, pero que concentran siglos de humildad.
En su intensa brevedad, el lector se queda celebrando la utilidad conmovedora del lápiz y la culta sensibilidad al escritor que hay detrás de él.
“Un lápiz muerto no sirve – advierte Kraus, entre el paisaje escolar de la nostalgia –. Aquellos cuyas puntas se rompen en varios sacapuntas son inútiles: suelen tener una vida breve como consecuencia de alguna anomalía cromosómica. También mueren los que muerde el cachorro o los que olvidan en los cafés, en la casa de los amigos, en las librerías. La causa más frecuente del deceso es su tamaño. La muerte del lápiz llega cuando el sacapuntas ha exprimido su alma y ha achicado su altura hasta el punto donde el índice y el pulgar son incapaces de asirlo. La muerte la confirma la incapacidad del portalápiz de sostenerlo y de darle unos renglones más de vida. Los lápices también agonizan cuando la goma desaparece o se achica de tal forma que los bordes metálicos lastiman el papel”.
Sí, la “goma” es esencial, pues quien anda metido en el asunto sabe muy bien que sin borrador no hay escritor. Ya lo decía Mark Twain: “Los libros se escriben con la parte trasera de los lápices”.
La edición está en Ensenada, pregunte a su librero de preferencia y experimente la lectura con un libro tocado por el acierto y el amor.

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