LA RATA DE GADAFI
¿Quién está detrás de este manicomio de balas?

Rael Salvador
raelart@hotmail.com

“Se trata de vivir mejor, no de alcanzar el Infierno”.
Fernando Savater.

Lo sacan a tiros de una alcantarilla y lo matan como a una rata.
Es la “Primavera de Libia”, donde los muertos florecen en el desierto, y la opulencia, dando maromas de loco, vuelve de nuevo a ser petróleo: negra pesadilla que auspicia la ONU, siempre financiada por los EE.UU.
Reventada la fortaleza, los bombardeos son rebasados por los rugidos de júbilo; disminuida la guardia especial, los avances son celebraciones estratégicas.
Lleva algunas semanas huyendo y la turba carnicera de rebeldes – inconformes de Bengasi, alzados de Trípoli, viejos bereberes de las montañas de Nafusa, arteros saqueadores de Misrata, violadores de Tahuerga — que ya le pisan los talones, deshonra de “rebeldes” que el Che Guevara escupiría con gusto en la cara.
¿Quién está detrás de este manicomio de balas? ¿Qué intereses privan en esta cacería humana? ¿No tenemos ya noticias del fraude bélico de Irak, de las innecesarias matazones, crueles y cínicas, en todo Medio Oriente?
Cargados de pólvora, los perros husmean por las sucias tuberías y salivan: la presa recula, sofoca chillidos, intenta la invisibilidad, después de más de cuarenta años de imbecilidad.
Asoma la turba sus expectativas al desagüe y, arsenal a su entera disposición, las armas amagan al líder, al libertador, al coronel, al dictador, al ahora piltrafa de hombre Muamar Gadafi.
Humillado por el destino, la historia le juega mal: lo desfalca del martirio y lo convierte en un tirano a la altura de los demás tiranos: Mussolini, colgado de los testículos, Nicolae Ceausescu, desmembrado por las fieras.
Lo ofenden y zarandean: está herido y sin posibilidad de defensa. El bombardeo de la ONU asalta la caravana de huida desde los cielos y adereza el banquete con sangre negra y humo.
Los captores arrastran sus hocicos y la inestabilidad de la cámara celular ayuda a que el caos se vuelva un vórtice al infierno de lo inhumano: en un instante se catapulta “la Civilización” a condición de bestia.
Un jovencito imberbe, gorra de los Yankees de New York, ha cometido el crimen y, alma chueca, sonríe ante las cámaras.
Alza una pistola dorada, soñando que así será su futuro…
“Es un momento histórico, es el fin de la tiranía y de la dictadura”, proclama Abdel Hafiz Ghoga, portavoz del Consejo Nacional de Transición, y en su ilusoria felicidad, como si la Democracia fuera un hongo de las arenas, olvida que desde el primer tiro de la “Primavera Árabe” el intercambio de “aguas negras” ya está en proceso: Coca-cola por petróleo.


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